EL “NO A LAS GUERRAS” – CNT

Porque no es solamente la guerra que plantearon los Estados sionistas de Estados Unidos e Israel contra Irán recientemente. En el mundo actualmente se desarrollan decenas de conflictos que podríamos llamar guerras, pero salimos a la calle precisamente hoy, no cuando estalló la de Siria, no por el conflicto de Rojava ni el de Birmania y Tailandia, o el de África Central, o el Yemen, o Etiopía. No. Salimos hoy porque somos llamados a ello por quienes poco antes firmaron acuerdos para suministrar armas a países en guerra. Porque a alguien le conviene para obtener un posible rédito electoral, no porque sea una denuncia sincera; porque esa misma vida que dicen proteger es puesta en juego cuando se fabrican artefactos diseñados exclusivamente para la destrucción de la vida. No se puede construir un mundo seguro mientras se perfeccionan las herramientas para hacerlo inseguro, mientras se inunda de armamento avanzado regiones en conflicto. Mientras los muertos se produzcan a miles de kilómetros, ¿qué importa?

La guerra, en el siglo XXI, no es sólo un fracaso de la política, es un modelo de negocio. Existe un complejo industrial que depende de la conflictividad para mantener sus cotizaciones en bolsa. Esta es la doble moral de los mercaderes de muerte: cobrar por el arma y cobrar por la munición para, más tarde, cobrar por la reconstrucción de lo que el arma y su munición destruyeron. La paz no es rentable para quien vive de la guerra; por eso, la paz que nos ofrecen es siempre una «paz armada», una tregua temporal mientras se recargan los cañones.

En su mendaz discurso nos dicen que las armas son necesarias para «disuadir» al enemigo, para «mantener el equilibrio» y para defender a la población civil. Lo que nos cuenta la historia es lo contrario: la acumulación de armamento no previene la guerra, la invita. Cada nuevo tanque, cada nuevo caza de combate, es una provocación silenciosa que transforma la tensión en certeza de violencia. ¿Cómo podemos exigir desarme a los pueblos oprimidos mientras las fábricas de armas compiten por modernizar y engrosar sus arsenales? ¿Cómo podemos pedir calma a las naciones en conflicto mientras sus vecinos son abastecidos por nuestras industrias? La seguridad de unos no puede basarse en la amenaza de muerte para otros.

Detrás de cada contrato de venta de armas hay un nombre borrado. Hay un niño que no crecerá, una escuela convertida en escombros, un hospital sin electricidad. El lucro obtenido en las bolsas de valores de occidente se paga con sangre en los suelos de Oriente Medio, de África, de Europa del este. Normalizar la industria armamentística es normalizar la muerte como un producto de consumo. Es aceptar que hay vidas que valen menos que los dividendos de un accionista.

Por eso en CNT no creemos en las palabras vacías que quienes ostentan el poder e indirectamente se lucran de el miserable, tétrico, morboso negocio de la muerte. Y, si de verdad desean ser creídos, deben darnos explicaciones y con transparencia total y, de esa manera, nos digan dónde se encuentra cada arma fabricada en las distintas plantas de producción armamentística de España. Ya que cada una fue vendida a una determinada nación, no debería ser difícil rastrear su camino desde que salió de la línea de montaje y saber cuántas de ellas hoy están siendo empleadas en un conflicto armado, cuántas son empuñadas por un niño soldado en África para masacrar a otros niños de otra etnia o religión. Pero para el futuro, si desean nuestro apoyo, si es sincero su deseo de paz, su oposición a las guerras, que cada venta de armamento sea debatida públicamente y sometida a escrutinio ético, no solo estratégico.

Y no nos quedaremos ahí, porque, si de verdad estamos en contra de la guerra, es necesario que se desarrolle una reconversión Industrial que obligue a que la ingeniería y los recursos destinados a crear muerte sean redirigidos urgentemente a crear vida: energía limpia, medicina, infraestructuras y educación. Un ingeniero capaz de diseñar un sistema de guiado de misiles es capaz de diseñar sistemas de riego para combatir el hambre.

Y desde este mismo instante esos mismos dirigentes que nos hacen salir a la calle a su conveniencia deberían emprender un embargo ético, la prohibición inmediata de venta de armas a cualquier régimen o grupo que viole derechos humanos o esté involucrado en conflictos activos. A poner fin a esa retórica hipócrita que muestran los líderes políticuchos de esa instituciones pútridas que son los llamados partidos políticos. Y dejen de usar la palabra «Paz» mientras firman presupuestos de «Defensa» que superan las necesidades reales de protección ciudadana. No hay «clientes» legítimos para la muerte.

La paz no es la ausencia de guerra mientras se mantienen los almacenes llenos de bombas. La paz es la ausencia de la capacidad y la intención de hacer la guerra.

No queremos un mundo donde los niños aprendan a esconderse de las bombas; queremos un mundo donde las fábricas de bombas se conviertan en escuelas. Dejemos de ser cómplices por omisión. Dejemos de financiar nuestra propia destrucción.

Porque no se puede sembrar hierro y esperar cosechar flores.

¡Basta de comercio con la muerte! ¡Viva la vida sin armas!

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